Una permanencia incierta en Izbat At Tabib

Moussa Tabib con 3 de sus 4 hijos frente a su casa. Esta podría ser destruida en cualquier momento. Photo: Mandla, AE en Jayyous
Bayan Tabib, el alcalde de Izbat At Tabib, una pequeña aldea en el norte de la Ribera Occidental, está complacido de lo que ha logrado desde que asumió ese cargo en 1998. Bayan ha supervisado la construcción de una escuela y ha logrado que la aldea tenga acceso a agua potable y electricidad.
No obstante esos esfuerzos, un sentimiento de “permanencia incierta” parece flotar sobre esta aldea palestina. De las 45 casas de la aldea, 25 recibieron órdenes de demolición del Ejército de Israel. Las restantes también han sido construidas sin los permisos correspondientes. De hecho, toda la aldea —sus cercas, jardines, la escuela, el patio de juegos, incluso el cobertizo del ómnibus— está condenada potencialmente a la destrucción.
Mousa Tabib, nieto del fundador de la aldea, ha vivido aquí toda su vida. No conoce otro hogar. Según Mousa, Tabib es “una aldea con poca educación”. La mayoría de sus habitantes eran granjeros hasta que la Barrera de Separación erigida por Israel les separó de alrededor del 40 por ciento de sus tierras. Mousa confiesa que la última vez que vio sus tierras fue allá por 2003.
Izbat At Tabib es víctima de dos decisiones históricas deliberadas. Jordania, que gobernó la Ribera Occidental entre 1948 y 1967, designó la tierra donde se encuentra la aldea como “área agrícola”. Apoyándose en esa decisión el gobierno de Israel, que tomó el control en 1967, ha rehusado otorgar permisos para cualquier nueva construcción.
Entonces, a principios de 1990, los Acuerdos de Oslo dividieron la Ribera Occidental en tres áreas: A, B y C. Las dos primeras cayeron bajo el control de la recién establecida Autoridad Palestina, aunque B permaneció bajo control de Israel en cuestiones de seguridad.
Izbat at Tabib se encuentra en el área C, es decir, plenamente sometida a la administración civil y de seguridad israelitas. Aquí es virtualmente imposible que los palestinos consigan permisos de construcción. Según el grupo israelita Paz Ahora, entre 2001 y 2008 Israel rechazó el 94 por ciento de las solicitudes palestinas para construir en el área C. Pero la necesidad de alojamiento obliga a la gente a construir de todas formas. Es por eso que prácticamente las 45 casas en la aldea fueron construidas sin permiso.
Las órdenes de demolición comenzaron a llegar en 1985, dice Bayan. A partir de entonces, se emitieron órdenes de demolición de 25 casas. Los residentes han solicitado los permisos desde 1991, pero todas las solicitudes fueron rechazadas. Pese a ello, muchos decidieron construir. “Yo no conozco el significado de A, B o C. Pero ésta es nuestra tierra, no les pertenece a ellos”, afirma el alcalde.
La inmensa mayoría de los residentes en la aldea son descendientes de refugiados que escaparon de la aldea de Tabassur cuando ésta fue invadida por fuerzas sionistas en la guerra de 1948-49. Muchos son nietos y nietas del doctor de la aldea en aquel entonces, Hamad Abdullah at-Tabib, que había adquirido la tierra en la década de 1920. Pero la aldea vive en un estado de tensión permanente. En 2007, las autoridades israelitas “aconsejaron” a los residentes que debían reubicarse en el cercano pueblo de Azzun. La carta de las autoridades incluía un plano para la futura construcción de una carretera exclusiva para los colonos israelitas que atravesaría la aldea de por medio.
A causa de su proximidad con el asentamiento israelí de Alfe Menashe y a algunas grandes carreteras exclusivas para colonos, Izbat at Tabib es objeto de frecuentes incursiones israelitas. El hijo del alcalde fue arrestado por primera vez cuando apenas tenía 11 años. Ahora tiene 14. Después de su más reciente arresto (el tercero) fue golpeado e interrogado por el supuesto crimen de haber arrojado piedras y cócteles Molotov contra los vehículos militares israelitas. Cuando no encontraron prueba alguna contra él, el ejército lo liberó con los ojos tapados y las manos atadas en el camino principal que lleva a la aldea. Allí lo encontraron sus primos y lo trajeron de vuelta a casa.
Una cosa es clara: la vida tan cercana a un gran asentamiento es precaria. El alcalde dice: “Esta es nuestra vida, así la vivimos. Quizás el futuro no es claro, pero esta tierra es nuestra y no la abandonaremos”.


